jueves, 3 de septiembre de 2020

La quemadura

 

 

Cuando la mujer salió de la unidad de quemados

no era capaz de experimentar ni frío ni calor

sobre la piel

 

O más bien dicho, sobre esa capa de células

que ya no era piel

pero que se le parecía tanto.

 

Y así atravesó todas las estaciones.

Fingiendo que sentía

la brisa junto al mar

o la crueldad infernal de la nieve.

 

Y así acarició siluetas negras

que pertenecían a cuerpos envueltos en plástico

y besó reflejos de labios protegidos tras cristales

casi transparentes.

 

Hasta que cerró los ojos,

ya sin la certeza de abrirlos al día siguiente,

y vio a un niño que lloraba en la nieve

y pezones de leche congelada.

 

Sólo entonces deseó que volviera el fuego,

resucitar la llama que abrasa,

convertirse en incendio.

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